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Qué hay detrás de los ciberataques a heladeras y bancos de sangre en Europa: cómo ocurrieron y cuáles son los desafíos a futuro

Fuente: TN

La semana pasada, Europa experimentó una serie de ciberataques que pusieron en jaque la cadena de frío de la que dependen los supermercados para conservar alimentos y los bancos de sangre para almacenar plasma. Estos episodios prolongaron el llamado “octubre negro” y pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de equipos conectados a internet que cumplen funciones esenciales.

Detrás de esas brechas hay un problema de seguridad en la tecnología que permite administrar las instalaciones a distancia. Los mismos controles que utiliza un técnico para ajustar la refrigeración de manera remota pueden quedar expuestos a intrusiones si tienen fallas sin corregir o un acceso mal protegido. Y así fue: entre los equipos afectados había modelos antiguos que ya habían dejado de recibir actualizaciones.

El problema aparece cuando esos dispositivos siguen conectados y en funcionamiento una vez que termina el soporte del fabricante, por ejemplo, una heladera puede continuar conservando productos durante años mientras el programa que permite controlarla acumula “agujeros” que quedan sin resolver.

Cómo una intrusión por internet puede interrumpir la cadena de frío

Los ataques de los últimos días aprovecharon la capacidad de los programas controladores para ejecutar órdenes sobre los equipos. En los supermercados, activaron el descongelamiento, una función habitual destinada a eliminar la escarcha. Al modificar esa operación, hicieron que las heladeras se calentaran y los alimentos se deterioraran.

El momento elegido agravó las consecuencias. El hackeo se realizó de madrugada, cuando era menos probable que los empleados pudieran reaccionar de inmediato. La combinación de acceso remoto y falta de una respuesta rápida permitió afectar locales en distintos países, sin necesidad de ingresar físicamente a cada comercio.

En cuanto a los tres centros del Servicio Francés de Sangre, la intrusión alcanzó un sistema de supervisión y control administrado por un proveedor externo. Se alteraron los parámetros de temperatura y descongelamiento de cámaras que guardaban plasma para transfusiones y para elaborar medicamentos. Afortunadamente, en este caso, las alarmas permitieron intervenir a tiempo y trasladar o asegurar el material.

Qué se sabe de la exposición y por qué preocupa que los ataques se repitan

La vía de ingreso utilizada en cada instalación sigue sin confirmarse. Los especialistas consideran dos posibilidades: software vulnerable y contraseñas predeterminadas, dos debilidades que pueden facilitar el acceso remoto de los equipos.

Más allá de esos ataques en particular, la dimensión del problema se mide en la cantidad de controladores que continúan visibles desde internet y lo que preocupa es que otros establecimientos sigan utilizando equipos con las mismas debilidades. El peligro a futuro es que esas interrupciones coincidan y dificulten la respuesta, al obligar a proteger o trasladar productos desde varias instalaciones al mismo tiempo.

Además, cuando distintos establecimientos usan controles similares, una debilidad compartida puede facilitar que se repita el ataque contra varios de ellos. En el caso de los servicios sanitarios, ese alcance adquiere otra gravedad. Si se pierde plasma por una alteración de temperatura, también se pierde material destinado a transfusiones o a la fabricación de medicamentos. Un ataque que afectara varias reservas al mismo tiempo podría dificultar su reposición y comprometer la disponibilidad de esos productos, por lo que el riesgo excede el costo de reparar los equipos.

La intervención de proveedores externos agrega una responsabilidad que debe contemplarse al proteger las instalaciones. El caso francés muestra que la seguridad también depende de los sistemas que terceros utilizan para supervisarlas. De allí la importancia de revisar quién puede conectarse, cómo se protege ese acceso y quién debe corregir una falla cuando aparece, especialmente si el fabricante ya terminó el soporte.

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Incluso con esas medidas, resulta necesario prepararse para detectar una alteración y actuar antes de que provoque daños. Eso exige contar con alertas que lleguen a una persona capaz de intervenir, procedimientos para aislar un equipo comprometido y alternativas para sostener la actividad mientras se recupera el sistema.

El desafío de mantener segura la internet de las cosas

Esa preparación cobra importancia a medida que la internet de las cosas, o IoT, incorpora conectividad a más objetos y procesos cotidianos. Cada dispositivo conectado necesita protección durante todo el tiempo que permanezca en uso. Cuando se multiplican los equipos, también crece el trabajo de mantener sus programas actualizados, revisar sus permisos y detectar cambios inesperados en su funcionamiento.

Por eso, la seguridad debe formar parte de la decisión de compra. Además del precio y las prestaciones, importa conocer durante cuánto tiempo el fabricante ofrecerá correcciones, cómo las distribuirá y qué opciones habrá cuando termine ese soporte. Un producto pensado para funcionar durante muchos años necesita un plan de mantenimiento digital acorde con esa duración.

Para las organizaciones, ese plan empieza por saber qué dispositivos tienen conectados, quién los administra y cuáles siguen recibiendo actualizaciones. A partir de ese inventario se pueden restringir los accesos y separar las redes según su función, de manera que una intrusión tenga menos posibilidades de extenderse a otros sistemas. Los equipos que ya carecen de soporte requieren una evaluación para decidir si pueden seguir operando con restricciones o si deben reemplazarse.

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El desafío futuro también alcanza a los fabricantes, que deben comunicar con claridad los plazos de soporte y facilitar la instalación segura de las correcciones. Esas condiciones permiten a los compradores anticipar costos y tomar decisiones antes de que aparezca una falla. De lo contrario, el fin de las actualizaciones puede llegar cuando el dispositivo todavía conserva buena parte de su vida útil.

Conectar un objeto incorpora una obligación de mantenimiento que continúa después de instalarlo. Para reducir el riesgo de nuevas interrupciones, esa responsabilidad debe tener un encargado, recursos y un plazo previsto de renovación. La continuidad de un servicio depende también de que alguien siga protegiendo el software de los equipos que lo hacen posible.

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