Cuando un perro ladra a un familiar que acaba de llegar o reacciona ante desconocidos, la primera respuesta suele ser buscar que deje de hacerlo. Sin embargo, el veterinario especialista en comportamiento animal Jaume Fatjó sostuvo que corregir la conducta sin entender el motivo puede empeorar la situación y afectar la convivencia.
Fatjó explicó que detrás de esos ladridos puede haber miedo, inseguridad o frustración. “Lo fundamental es entender qué está ocurriendo y trabajar sobre la causa”, señaló el especialista.
El veterinario advirtió que el castigo puede hacer que el perro perciba a las visitas como una amenaza aún mayor. “Podemos estar reprimiendo una conducta que, en realidad, expresa miedo, ansiedad o frustración”, afirmó. Si el animal recibe una reprimenda por ladrar a una persona que le genera temor, el malestar puede intensificarse y la asociación negativa reforzarse.
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El riesgo de actuar solo sobre la reacción y no sobre el origen
Fatjó remarcó que no todos los perros ladran por los mismos motivos. Por eso, es clave observar en qué circunstancias aparece la reacción y qué ocurre antes de que se produzca. Si solo se ordena al animal que se calle o se lo castiga, se actúa sobre la manifestación del problema, pero no sobre lo que la provoca.
El especialista recomendó analizar el contexto y lo que experimenta el perro para entender su comportamiento y actuar de manera adecuada. “Antes de intentar frenar una conducta, es fundamental entender qué la está provocando”, insistió.
Por qué gritar o levantar la voz puede ser contraproducente
Fatjó explicó que los gritos y las reprimendas verbales también pueden funcionar como castigo, aunque no tengan el mismo impacto que el físico. Muchas personas intentan que el perro deje de ladrar repitiendo “no” o “basta”, pero si la conducta responde al miedo o la frustración, levantar la voz no resuelve el malestar.
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“Podemos conseguir que el animal interrumpa momentáneamente lo que está haciendo, pero eso no significa que haya dejado de sentir miedo o frustración”, aclaró el veterinario. El problema puede reaparecer en futuras situaciones si no se aborda el origen.
El impacto del castigo en el bienestar y la relación con la familia
El uso excesivo del castigo puede generar estrés y afectar negativamente el bienestar del animal. Fatjó destacó que los métodos aversivos, sobre todo cuando se aplican de forma reiterada, pueden deteriorar el vínculo entre el perro y las personas con las que convive.
“El objetivo de la educación no debería ser que el animal obedezca por miedo, sino que aprenda a desenvolverse mejor y que la convivencia sea positiva para todos”, sostuvo. Cuando la relación se basa en amenazas, gritos o reprimendas constantes, la confianza puede resentirse y el perro pierde la sensación de seguridad en su familia.